Hoy en día conocer bien al consumidor es fundamental para ofrecer un buen producto. Por ello, un enfoque de marketing orientado al cliente puede resultar muy efectivo.

¿Cómo es mi producto?

En la actualidad, los productos deben girar en torno a las necesidades y expectativas de la demanda. Para lograrlo, las empresas deben realizar un análisis previo del mercado y de su posible evolución.

¿A quién me dirijo?

Tras este estudio, es fundamental concretar a qué tipo de público se dirigirá el producto a través de la publicidad y la comunicación en general. Solamente conociendo muy bien al público objetivo (target) se le puede ofrecer lo que desea y espera, e incluso más. Así, se logrará conectar con él y alcanzar la diferenciación con respecto a la competencia.

Objetivo: conseguir la fidelidad

Sin embargo, para ofrecer lo mejor no basta con quedarse en el producto físico. Una forma de asegurar una estrategia de marketing eficaz, es ir más allá de las propiedades tangibles. De esta forma, es importante que el producto esté rodeado de otras cualidades intangibles que permitan a las empresas generar un valor añadido que consiga distinguir el producto, y por tanto, lograr la fidelidad de los consumidores a lo largo del tiempo.

Más allá del producto

La conexión con el público objetivo permite entablar una relación a largo plazo con el cliente, en esta ventaja se basa el denominado marketing relacional. Este vínculo se genera a través de los valores añadidos intangibles que la marca ofrece, como pueden ser el trato personal, las garantías, los servicios post-venta, la personalidad de marca, etc.
En definitiva, un consumidor fidelizado está dispuesto incluso a pagar más a cambio de los valores que se le ofrecen. Por ello, las principales ventajas de este enfoque de marketing se fundamentan en la diferenciación, la fidelidad, y por tanto, en beneficios a largo plazo.

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